Una cuestión de salud: ¿Qué es bueno y qué es malo?

Hay problemas muy concretos que no matan pero que tienen un impacto enorme en la salud como por ejemplo la gran pandemia de nuestro tiempo: el dolor lumbar crónico.  ¿Quién no tiene de vez en cuando dolor de espalda?. Si ese dolor se repite con frecuencia o se hace crónico le hacen unas radiografías o una Resonancia Magnética y casi siempre aparece alguna alteración en la imagen. Su médico ya le recetó diferentes analgésicos que a veces mejoran su dolor pero otras ya no le hacen nada aunque sus efectos secundarios se quedan en su cuerpo. Acaba yendo al “especialista” y muchas veces se le propone pasar por el quirófano para “resolver” el problema. Han aparecido nuevas técnicas quirúrgicas que llaman “ mínimamente invasivas” y que se están implementando con muy poco rigor científico ya que únicamente han pasado el filtro de dos o tres publicaciones en revistas con gran factor impacto y con un número(n) muy pequeño de pacientes intervenidos, en las que dicen que los resultados son “alentadores” pero reconocen y escriben al final de la publicación la frase tan típica de que “se necesitan más estudios para validar la técnica” como efectiva . Sin embargo a pesar de la ausencia de una verdadera evidencia científica se están utilizando en pacientes reales sin la garantía de resultados a corto ni a largo plazo.

Mientras algunos medios de comunicación resaltan estos ”logros” de la medicina en artículos de opinión totalmente sesgados acompañados de inserciones publicitarias pagadas o los propios protagonistas se hacen “autobombo” en las redes sociales, los comités deontológicos de los colegios de médicos callan. Pero estos mismos colegios profesionales se permiten el lujo de criticar, cuando no condenar, otras actividades en relación con la salud de los ciudadanos que llevan muchos años implementadas en nuestra sociedad y que son un complemento y a veces alternativa a terapias convencionales.

Soy médico desde hace 43 años pero también he sido y soy paciente como la gran mayoría de la gente en algún momento de la vida. Dolores de espalda, contracturas, malestar general y otros síntomas tan comunes. Cuando, a la vista de la ineficacia de otros tratamientos, decidí ir a un quiropráctico hace ya más de treinta años soportando la crítica de algunos colegas, descubrí que hay “otras cosas” y otros enfoques ante algunos problemas de salud. Algunas profesiones como la Quiropráctica mejoran claramente aspectos de la salud y hay otras que ayudan a mejorar el confort y bienestar de las personas (Informe del Ministerio de Sanidad, elaborado por el Instituto de Salud Carlos III, 2011).

¿Por qué vamos a condenarlas?
La quiropráctica está reconocida y regulada como profesión sanitaria en gran parte del mundo occidental y en todo nuestro entorno europeo.

¿Por qué no lo está en nuestro país?
Nuestra sociedad es libre, está mejor formada y es madura. La libertad es un bien que costó mucho conseguir y se debe preservar como sea. En el ámbito de la salud al que me refiero, también la libertad del ciudadano-paciente debe ser respetada. Los profesionales de la salud debemos ser menos paternalistas. Nuestra obligación es informar, proponer y actuar para mejorar la salud de las personas con el mayor rigor posible pero escuchando también la opinión del paciente.

¿ Por qué millones de personas en el mundo acuden al quiropráctico? Porque le ayuda a mejorar su salud. Esto es incuestionable y está suficientemente demostrado a pesar de los escépticos, divulgadores ideologizados y otros profetas del cientificismo.

En nombre de esos miles de personas que acudimos a los profesionales quiroprácticos, y como presidente de la Asociación Española de Usuarios de la Quiropráctica(AEUQ) reclamo al nuevo Gobierno de España que, tal como ocurre en nuestro entorno europeo, la Quiropráctica sea regulada y reconocida en España como profesión sanitaria.

Ignacio Alonso Usabiaga
Presidente de la AEUQ