Entrevista a Arantxa Ortega

Tras licenciarse en C.C. Biológicas en el año 1999 por la Universidad Autónoma de Madrid, comenzó su carrera científica en la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, donde realizó su tesis doctoral. Después se incorporó a la Universidad de Alcalá, concretamente en el laboratorio de Fisiología Renal y Nefrología Experimental, donde durante dos años centró su investigación en ampliar conocimientos en la enfermedad renal, incluida la nefropatía diabética.

En 2006 su equipo de trabajo obtuvo el premio de la Fundación Iñigo Álvarez de Toledo, de gran prestigio en el área de la Nefrología en España y en el 2007 fueron también reconocidos con el premio Janssen Cilag a la mejor publicación en revista internacional sobre nefroptía diabética (Kidney Int 69: 2171, 2006).

Entre 2008 y 2010 trabajó dentro del Programa de Actividades I+D entre grupos de investigación (CAM) en Biociencias de la Comunidad de Madrid para seguir desarrollando investigaciones en nefroptías renales, gracias a las cuales consiguió su primera patente.

Paralelamente, en 2007 empezó a dar clases en el Madrid College of Chiropractic y en 2012 fue nombrada como coordinadora de estudios. Además, a finales de 2013 comenzó a desarrollar el área de Investigación en este centro y desde entonces, gracias al trabajo en colaboración con Instituciones como la FJD ó el Centro de Investigaciones Oncológicas de Madrid, ha podido publicar en prestigiosas revistas internacionales y participar en Congresos Internacionales con ponencias y pósters científicos.

Actualmente Arantxa está finalizando la supervisión de la escritura de la primera tesis doctoral que se leerá en España a finales de año sobre la Quiropráctica y su efecto en la patología osteoarticular.

¿Cómo llega hasta ti la Quiropráctica?

Pues llegó de una forma totalmente fortuita. Por aquellos entonces, 2007, yo trabajaba en la Universidad de Alcalá y una profesora amiga mía, y paciente de quiropráctica, me dijo que iban a empezar unos nuevos estudios en España y que necesitaban de profesores para impartir asignaturas en las que yo podía ser válida, como por ejemplo Biología o Fisiología. Y allí que me fui, con mi amiga, con mi CV y con un montón de ilusiones y nervios. Tras la entrevista y la confirmación de que contaban conmigo supe que comenzaba una nueva aventura en mi vida. Fue así como conocí a la Quiropráctica.

En 2010 comienzas como coordinadora de los estudios en el Madrid College of Chiropractic, ¿qué supone esta nueva etapa en tu vida profesional?

Supuso un grandísimo reto además de un gran cambio, ya que dejaba temporalmente aparcada mi vida como investigadora para dedicarme más a la gestión educativa. Durante tres años aprendí muchísimo sobre planes de estudios, créditos ECTS, programas docentes, etc. Fue muy enriquecedor pero a medida que pasaba el tiempo, sentí que me faltaba algo, y creí que también a la Quiropráctica, a la profesión le faltaba más investigación científica, así que un buen día empecé a contactar con antiguos colegas investigadores y retomé nuevamente la investigación. Era mi mejor manera de poder aportar algo a la Quiropráctica, ayudar a entender los mecanismos fisiológicos, de cómo ejercía sus maravillosos efectos. Y esto se convirtió, y sigue siendo a día de hoy, mi principal objetivo. Entender bien cómo funciona, o qué mecanismos celulares y moleculares se activan con cada ajuste ayudará a optimizar tratamientos, a justificar su aplicación y beneficio, en más problemas de salud que los que clásicamente asociamos a la Quiropráctica, en definitiva, revertirá en un mejor cuidado del usuario/paciente.

¿Qué aporta el conocimiento que tienes sobre patología renal a tus investigaciones en el plano de la Quiropráctica?

Mi conocimiento en patología renal es un conocimiento celular y molecular y esto me ha permitido poder extrapolar muchos de los procesos que ocurren en la célula renal a la célula nerviosa, célula importantísima en el contexto de la Quiropráctica. Salvando las distancias, en todos los tipos de células que constituyen nuestros tejidos, los procesos moleculares que rigen sus vidas, son exactamente iguales. En este sentido, como decía antes el entender cómo funciona la Quiropráctica y qué mecanismos utiliza, pasa por entender esos procesos moleculares. Así, a través del estudio del efecto del ajuste quiropráctico en modelos animales con distintas patologías, como la lumbalgia, conseguimos llegar a entender esos procesos.

La tesis doctoral que has dirigido se basa en la Quiropráctica y su efecto en la patología osteoarticular, aportando nuevas evidencias científicas sobre los beneficios de esta técnica. De entre todos esos beneficios que aporta la Quiropráctica en la patología estudiada, ¿cuál destacarías?

Pues sobre todo su efecto en el tejido óseo. Previos estudios nuestros han demostrado, utilizando un modelo animal con osteoporosis que la manipulación quiropráctica reduce significativamente la pérdida de hueso. Ahora, con esta tesis doctoral, demostramos que en la artrosis, en donde hay una afectación total de la articulación, incluido el hueso por debajo cartílago, conseguimos con la manipulación quiropráctica no solo reducir el daño en el hueso, sino que además, creemos que esto ayuda a que haya menos daño en el cartílago y en la membrana sinovial.

Muchos profesionales que no sois quiroprácticos pero sí científicos, médicos, biólogos, etc., estáis apoyando y trabajando por y para la Quiropráctica. ¿Crees que en un futuro próximo se conseguirá la regulación de la profesión Quiropráctica en España?

No puedo contestar a esa pregunta, no lo sé, creo que son varios los factores de los que depende y algunos de ellos son difíciles de controlar porque implican voluntades de terceros. Lo que sí puedo decir es que mientras no haya una investigación científica seria y rigurosa que respalde a la profesión en nuestro país, la probabilidad de una regulación será más reducida.

¿Por qué animarías a la gente a estudiar Quiropráctica?

Desde mi punto de vista es una profesión preciosa y muy atractiva, tiene características que la hacen única como es el que puedas ayudar a mucha gente, de edades comprendidas entre 0 y 99 años y no necesites para ello más que el conocimiento adquirido durante tu formación académica ¡y tus manos! Además, si te gusta viajar, el no tener que llevar encima más que una camilla (y a veces ni siquiera eso), te abre un abanico de posibilidades impresionante. Yo, porque no tengo tiempo, pero me encantaría estudiarla.

¿Qué les dirías a aquellas personas que dudan de los beneficios de la Quiropráctica?

Simplemente que la probaran, que no pierden nada, que es algo inocuo y no invasivo y que por el contrario tienen mucho que ganar. Que intentaran abrir su mente. Vivimos en un mundo en el que parece que, si a uno no le prescriben fármacos para sanar, falta algo y no nos damos cuenta de que muchas veces ese “algo” reside en nuestro propio cuerpo y que solo necesita una pequeña ayuda para hacerlo por sí solo. Nuestro cuerpo es muy inteligente.